Independencia

Cuando decidí ejercer por primera vez de mi soberanía (1967) con todas las consecuencias fue evidentemente en contra de la legislación vigente. Me opuse a la jefatura del estado y todos los representantes de su época, que evidentemente tenían el respaldo de todos los partidos legales mayoritarios del momento.

Mi soberanía estaba cuestionada por todo el aparato policial, por el aparato judicial, por el aparato de sus fuerzas vivas, por el funcionariado amamantado en aquella legalidad. Incluso en mi casa me advertían, para que fuese prudente con el uso que pretendía hacer de mi soberanía, que podía perjudicar a otros.

A pesar de todo di el paso y opte por denunciar cosas nimias: un delegado de los estudiantes en un instituto público no es el encargado de borrar la pizarra al profesor (indignación se cuestionaba la autoridad); un delegado de los estudiantes no tenía que ser el que actuaba como un vil chivato y decía quienes habían alterado el orden entre clase y clase (indignación no se colaboraba con la autoridad); un delegado de los estudiantes no tenía que recibir ordenes de los profesores, jefe de estudios o director (indignación se cuestionaba la capacidad de mando); un delegado de los estudiantes no podía cuestionar las largas sesiones de adoctrinamiento, en aquel momento tenía tres patas la religiosa, la política y la deformación de la historia (indignación solo se podía hacer por un rojo); un delegado de los estudiantes no se podía reunir con otros delegados del instituto para intercambiar opiniones sobre la enseñanza memorística (indignación por sentar las bases de la organización contra el sistema)…..

Podría continuar, las consecuencias fueron inevitables. La policía, los tribunales, los funcionarios de prisiones, el entorno legal actuaron contra mi persona y me detuvieron en el instituto (gloriosa actitud del director de un centro educativo), me llevaron a la Dirección General de Seguridad (la sede de la presidencia de la comunidad de Madrid) donde casi siempre se torturaba y espero que hayan limpiado bien la sangre, me llevaron después de 13 deliciosos días de tortura delante de un militar que me dio una hoja en la que se me sometía a un sumarísimo consejo de guerra en la cárcel de Carabanchel (eliminada del mapa para que no haya recuerdo de su existencia)…..

Ese fue mi primer ejercicio consciente de soberanía (libertad) del que estoy orgulloso y cuestionaba con tan pequeñas cosas la podredumbre de un sistema político, del sistema legal que lo amparaba, de los tribunales que lo ejecutaban.

En un sistema que pone en entredicho la soberanía de una parte, se está imponiendo algo por quien tiene la fuerza, pero no significa que tenga la razón ni que vaya a acallar la demanda de la soberanía.

Entre la triple Alianza de España y la amalgama de los catalanes independentistas, me quedo con la soberanía popular española y con la soberanía popular catalana a la que se ha impedido pronunciarse en algo que les afecta directamente.

Hacer política no es volver al casillero de salida con nuevas elecciones es hacer una Consulta a la soberanía española para saber si ES PARTIDARIA DE LA SOBERANÍA DE LOS CATALANES EN CATALUÑA.

 

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