Demócrito. Unión de Intelectuales Libres nº 25

UIL Demócrito nº 25DEMÓCRITO

UNIÓN DE INTELECTUALES LIBRES.- Hoja editada en Madrid, correspondiente a la segunda quincena de Junio de 1946. – Año II. Número 25. 

EL MOVIMIENTO DE LA U.I.L.

Pese a las limitaciones que la precaución necesaria en todo trabajo clandestino nos impone, la U.I.L. es un movimiento extendido ya por todos los ámbitos de España. De las trece grandes secciones -de tipo regional- que han de constituir la U.I.L., diez están ya perfectamente organizadas y con sus Consejos Rectores al frente. Y con relación a las otras tres, podemos decir que entusiastas intelectuales republicanos se han marcado ya la tarea de estructurarlas en breve plazo de tiempo. Aparte de DEMOCRITO, órgano central y de la Sección nº 1, otras tres Secciones tienen el suyo propio. Tales son los números 2, 4 y 11. Las restantes se prometen publicarlo inmediatamente. Miles de afiliados tiene hoy día la U.I.L. y muchos miles más de intelectuales republicanos desean pertenecer a ella. La misión de todos los Consejos Rectores de las Secciones es la de posibilitar la realización de este deseo.

El Consejo Rector de Madrid dirige un saludo republicano a todos los afiliados de la U.I.L., a todos los Consejos Rectores de las Secciones, y les invita a seguir sin vacilaciones el combate emprendido por la República, la Cultura y las libertades de investigación y creación. DEMOCRITO suscribe estee saludo y lo extiende de un modo especial a su homónimo, el órgano de la Sección nº 11, cuyo primer número acaba de aparecer.

AMIGOS Y ENEMIGOS DE FRANCO, por “Reporter”

Que Sir Alexander Cadogan, representante en el Consejo de Seguridad de la política exterior británica que aparentemente -sólo aparentemente- dirige el laborista Ernest Bevin, haya tenido que pasar por la vergüenza de ser calurosamente aplaudido por el régimen del verdugo español, es algo que ha servido para definir de una vez muchas cosas. Los delegados de la U.R.S.S. y de Polonia han prestado un servicio de incalculable importancia a la causa de los pueblos del mundo y a la democracia -y nosotros, por lo que nos toca, les estamos cada día más hondamente reconocidos- al exponer, con magistral dialéctica lo significativo de esta circunstancia. Quienes han leido la prensa fascista española de estos días no han dejado de advertir claramente la vergonzante, indigna y elocuente campaña de gran realce que se viene haciendo, no sólo del “aristocrático, impasible y distinguido” y otras cosas por el estilo, Mr. Cadogan, sino también la avalancha de elogios nada recatados que ha venido inundando a Mr. Bevin y a otras figuras del laborismo británico, que con tanto tesón defienden la continuación del régimen franquista en España.

Nosotros queremos recordar aquella afirmación categórica del hijo de Noel-Baker en el Congreso de socialistas españoles, celebrado hace poco en Toulouse, prometiendo solemnemente que el partido laborista británico, en su Congreso anual, adoptaría decisiones firmes que acabarían rápidamente con el régimen de Franco. Ya vimos las decisiones que adoptó el Congreso de Bournemouth. Apoyó plenamente la política de Mr. Bevin en España y otros puntos, sostuvo la continuada permanencia de los diplomáticos reaccionarios británicos y acabó por destituir a Laski y elegir presidente del partido laborista al padre del “bien informado” joven que asistió al Congreso de socialistas celebrado en la ciudad francesa.

El partido laborista inglés tiene que pasar ahora por la vergüenza de ser aplaudido por la única pr[ne]sa y los únicos políticos abiertamente fascistas que quedan en el mundo, y la posición de su representante en el Consejo de Seguridad no puede ser, en consecuencia, menos airosa. De los 11 miembros del mismo, sólo uno, el holandés van Kleffens tuvo la osadía de levantar una mano temblorosa en apoyo de Sir Alexander y de Franco.

Muchas han sido las jornadas espléndidas del delegado soviético en defensa de los pueblos oprimidos. Esta de ahora es una de las más importantes y va a tener amplias consecuencias. Ha llegado la hora de precisar, de que cada cual exprese claramente su opinión y fije de manera inconfundible el puesto que ocupa. El propio delegado norteamericano, que hasta ahora

 

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parecía dejar que la batuta de la defensa de Franco fuese manejada por Inglaterra, quedándose él en la cómoda posición de la vaguedad imprecisa, no ha podido secundar a Sir Alexander. El ejercicio del poder del veto, puesto en movimiento por el delegado soviético para que se aclare de una vez la actitud del Consejo de Seguridad, tiene la enorme trascendencia de acudir en defensa del pueblo español contra las maniobras de los que persisten en su empeño de sostener a Franco en el poder, ero sin atreverse a confesarlo públicamente, tal es la monstruosidad del delito que con ello se comete.

Sir Alexander Cadogan, Ernest Bevin y el partido laborista inglés han llegado a una encrucijada que les llena de asombro y perplejidad. No hubieran querido nunca que sus maniobras quedasen al descubierto. La opinión mundial sin olvidar al propio pueblo inglés, que estamos seguros vé con disgusto los turbios servicios que Mr. Bevin está prestando a la causa de la más negra reacción en el mundo, va perdiendo la paciencia. Y quiere que se le diga, clara y abiertamente, porqué el laborismo británico se empeña en sostener a Franco y la Falange en el poder.

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