Paseando por el campo

Iba tranquilamente paseando por el campo. Era un campo de los de antes. Es decir de los de verdad, sin vallas, sin carteles, sin cosas ajenas a la naturaleza, como si fuera de todos. Con sus hormigueros, sus mosquitos, sus urracas, sus gorriones, sus lagartijas, incluso creo que había alguna ardilla.
Pensaba que era un sueño. Como era posible encontrar una zona pública en el paraíso de los límites de lo privado.

Según avanzaba. Descubrí una pequeña zona vallada. Curiosa isla de propiedad en un mar público. En la zona vallada se podía percibir un césped inglés y unos setos perfectamente recortados que separaban el césped de los grandes mazos de flores de distintos coloridos. Sorprendía una belleza cultivada en esa selva autóctona de todos.

Proseguí la marcha y se apreciaba que el entorno abierto empezaba a tener espacios sin vegetación, con bolsas de plástico, con latas y con carboncillo residual de las hogueras.

Me asaltaron las dudas. Los espacios públicos necesitan ser recorridos con estandartes y banderas en defensa de lo público. El medio natural debe ser alterado por los beneficios de la privatización. Los espacios públicos deben ser considerados una especie en vías de extinción que descuidan los responsables de lo público, que evitamos los ciudadanos por estar deteriorado.

Normalmente pediremos al guardabosque responsabilidades y pondremos como ejemplo el cuidado del espacio vallado.

Habitualmente en nuestro entorno privado resaltaremos el carácter hermoso de lo privado y como mucho reflejaremos la tristeza por el abandono de lo público.

En recuerdo de lo público, de lo nuestro, de lo de todos, cada vez queda menos espacio de la ciudadanía, cada vez se responsabiliza más al guardabosque.

Me fui a hablar con él y me comento. No se invierte en limpiar el bosque, la gente sus dueños lo ensucian y no lo cuidan, son como señoritos que quieren que el sirviente vaya detrás de ellos. A mi me dicen, cuando usted entro como guardabosque ya sabía la herencia que recibía y se comprometió con su cuidado.

Es cierto sabía lo que recibía, pero no pensaba que iba a ser el receptor de todos los golpes. Una cosa son mis descuidos y mis limitaciones y, otra, bien distinta, el abandono intencionado y la irresponsabilidad de las personas maleducadas y que maleducan a sus descendientes.

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